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V Jueves Tiempo Ordinario: Los perritos, debajo de la mesa, también comen las migajas que dejan caer los hijos

Evangelio del día: La oración insistente puede arrancar milagros a Dios.

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Evangelio de San Marcos 7,24-30

Curación de la hija de una cananea: “En aquel tiempo, Jesús salió de Genesaret y se fue a la región donde se encuentra Tiro. Entró en una casa, pues no quería que nadie se enterara de que estaba ahí, pero no pudo pasar inadvertido; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro, se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. Cuando aquella mujer, una siria de fenicia y pagana, le rogaba a Jesús que le sacara el demonio de su hija. Él le respondió: “Deja que coman primero los hijos. No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. La mujer le replicó: “Es verdad, Señor, pero los perritos, debajo de la mesa, también comen las migajas que dejan caer los hijos”. Entonces Jesús le contestó: “Anda, vete; que, por eso que has dicho, el demonio ha salido ya de tu hija”. Al llegar a su casa, la mujer encontró a su hija recostada en la cama, y ya el demonio había salido de ella”. Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco:

Es una madre desesperada, y una madre que frente a la salud de su hijo, hace de todo. Jesús le explica que ha venido primero para las ovejas de la casa de Israel, pero se lo explica con un lenguaje duro:

“Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros”.

Esta mujer, que ciertamente no había ido a la universidad, sabía cómo responder.

Esta mujer no tuvo vergüenza y por su fe, Jesús, le hizo el milagro. Ella se había expuesto al riesgo de hacer el ridículo, pero ha insistido, y del paganismo y de la idolatría ha encontrado la salud para su hija y para ella ha encontrado al Dios viviente.

Este es el camino de una persona de buena voluntad, que busca a Dios y lo encuentra. El Señor la bendice.

¡Cuánta gente hace este camino y el Señor la espera! Pero es el mismo Espíritu Santo que le lleva adelante para hacer este camino.

Cada día en la Iglesia del Señor hay personas que hacen este camino, silenciosamente, para encontrar al Señor, porque se dejan llevar adelante por el Espíritu Santo. (Homilía en Santa Marta, 13 de febrero de 2014)

Oración de Sanación

Jesús, Dios de consuelo y de amistad, te agradezco por entrar en mi vida y mostrarme el camino que necesito alcanzar para lograr mi felicidad y la de mis seres amados

De Ti provienen todas las fuerzas y el verdadero amor que me impulsa a seguir adelante en los altibajos de mi vida. Yo creo en Ti, mi Señor, pero aumenta mi fe para no desfallecer en la prueba

Quiero tener una fe tan poderosa que sea capaz de arrancar milagros en tu amor, como la de aquella mujer cananea que no le importó humillarse para que tu misericordia obrara en la vida de su hijita enferma.

Dame un poco de esa fe, que pueda sanar las heridas de mi corazón, que me dé esperanzas en medio de la adversidad y que me haga fuerte en medio de la enfermedad o circunstancia difícil

En tu palabra me invitas siempre a no desistir, a invocar siempre tu auxilio, a que nunca me desespere por muy dura que sean los desafíos, porque Tú jamás apartas tu mirada a las necesidades de tus hijos.

Te pido perdón por las veces en que creí merecerlo todo y no aceptar el sufrimiento con sencillez y valentía, dando paso al orgullo que acabó por endurecer mi corazón

Perdona mi debilidad, no te olvides de este humilde pecador que ansía con gran ardor contar siempre con tu presencia y tu bendición.

Sé que Tú estarás a mi lado siempre dispuesto a acompañarme y alcanzar mi proyecto de vida de acuerdo a tu salvación. Amén

Propósito para hoy

Hoy, buscaré entre mi armario, al menos una prenda que esté en excelente estado y se la entregaré a algún necesitado.

Frase de reflexión

“Si nos comportamos como hijos de Dios, sintiéndonos amados por Él, nuestra vida será nueva, colmada de serenidad y gozo”. Papa Francisco

V Miércoles Tiempo Ordinario: Lo que sí mancha al hombre es lo que sale de dentro, no lo que entra

Evangelio del día: Cuidemos el corazón. Cuidemos las intenciones

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Evangelio según San Marcos 7,14-23

Enseñanza de Dios sobre lo puro y lo impuro: “En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro”. Cuando entró en una casa para alejarse de la muchedumbre, los discípulos le preguntaron qué quería decir aquella parábola. Él les dijo: “¿Ustedes también son incapaces de comprender? ¿No entienden que nada de lo que entra en el hombre desde fuera puede contaminarlo, porque no entra en su corazón, sino en el vientre y después, sale del cuerpo?”. Con estas palabras declaraba limpios todos los alimentos. Luego agregó: “Lo que sí mancha al hombre es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco:

Cristo también pone en tela de juicio el “ojo”, que es el símbolo de la intención del corazón y que se refleja en el cuerpo: un corazón lleno de amor vuelve el cuerpo brillante, un corazón malo lo hace oscuro.

Del contraste luz-oscuridad, depende nuestro juicio sobre las cosas, como también lo demuestra el hecho de que un corazón de piedra, pegado a un tesoro de la tierra, a un tesoro egoísta que puede también convertirse en un tesoro del odio, vienen las guerras…

Todos estos pedazos del corazón que están hechos de piedra, el Señor los hace humanos, con aquella inquietud, con aquella ansia buena de ir hacia adelante, ¡buscándolo a Él dejándose buscar por Él!

¡Que el Señor nos cambie el corazón! Y así nos salvará. Nos protegerá de los tesoros que no nos ayuden en el encuentro con Él, en el servicio a los demás, y también nos dará la luz para ver y juzgar de acuerdo con el verdadero tesoro: su verdad.

Que el Señor nos cambie el corazón para buscar el verdadero tesoro y así convertirnos en personas luminosas y no ser personas de las tinieblas. (Homilía en Santa Marta, 21 de junio de 2013).

Oración de Sanación

Señor mío, Tú eres un Dios de amor, digno de toda alabanza porque siempre estás atento a las necesidades y súplicas de tus hijos, porque eres Bueno y tu misericordia alcanza para todos.

Quiero levantar la mirada al cielo y observar las nuevas acciones y eventos que vienen sobre mi vida, para poder discernir ese aprendizaje que me dejarás en cada una de ellos.

Tú derramas bendiciones abundantes sobre mí desde el amanecer hasta el ocaso, por eso, quiero ir creciendo en tu presencia para convertirme en un mejor discípulo, ser uno de tus más grandes y preciados tesoros.

Quiero estar limpio para Ti, libre de preocupaciones y miedos, libre de angustias y desequilibro emocional, para poder servirte con total disposición y que saques lo mejor de mí

Sabes que te amo y confío en tu providencia divina, en tu ilimitado poder que renueva mis fuerzas gastadas y me brinda un fuerte impulso que me lleva a alcanzar los sueños más complicados y difíciles.

Dame la fortaleza necesaria para ser valiente en las pruebas y poder ser testigo de tu poder. Que mi fe crezca y me haga digno de ver las maravillas de tu Reino

Te suplico que me mantengas en tus manos y me alimentes con el pan de tu Palabra, de tu amor, de tu compasión que acoge y de tu perdón liberador.

Tú conoces mis planes y todo lo que quiero lograr, es por ello que con tu compañía, podré sonreír al verlos levantados en victoria. Amén

Propósito para hoy

Hoy, trataré con especial cuidado y cariño de mi familia. Estaré atento a lo que tienen que decirme cada uno, sin interrumpirles, diciéndoles en algún momento del díalogo: “puedes confiar en mí”

Frase de reflexión

“Dios nos ama. No tengamos miedo de amarlo. La fe se profesa con la boca y con el corazón, con la palabra y con el amor.” Papa Francisco

V lunes tiempo ordinario: Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

Evangelio del día: Es Dios quien se acerca, nos acaricia, nos sana.

Evangelio según San Marcos 6,53-56

Con solo tocar su manto muchos quedaban curados: “En aquel tiempo, después de atravesar el lago, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curadose” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco:

Desde el primer momento, cuando Dios eligió a nuestro Padre Abraham, Éñ ha caminado con su pueblo. Y esto se ve también con Jesús que hace un trabajo de artesano, de obrero.

A mí, la imagen que me viene es la del enfermero, de la enfermera en un hospital: cura las heridas una a una, pero con sus manos.

Dios se implica, se mete en nuestras miserias, se acerca a nuestras llagas y las cura con sus manos, y para tener manos se ha hecho hombre. Es un trabajo personal de Jesús.

Un hombre ha cometido el pecado, un hombre viene a curarlo. Cercanía. Dios no nos salva sólo por un decreto, una ley; nos salva con ternura, nos salva con caricias, nos salva con su vida, por nosotros.

[…] Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Cada uno de nosotros conoce sus miserias, las conoce bien. ¡Y abundan! Pero el desafío de Dios es vencer esto, curar las llagas como ha hecho Jesús. Es más: hacer ese regalo sobreabundante de su amor, de su gracia. Y así, se comprende esa predilección de Jesús por los pecadores.

En el corazón de esta gente abundaba el pecado. Pero Él iba hacia ellos con esa sobreabundancia de gracia y de amor.

La gracia de Dios siempre vence, porque es Él mismo quien se entrega, quien se acerca, quien nos acaricia, quien nos sana.

Y por esto, quizá a alguno de nosotros no nos guste decir esto, pero aquellos que están más cerca del corazón de Jesús son los más pecadores, porque Él va a buscarlos, llama a todos: “¡Vengan, vengan!”… (Homilía en Santa Marta, 22 de octubre de 2013).

Oración de Sanación

Mi Señor, mi Rey y Salvador, hoy me levanto pensando en todas esas situaciones que tienen mi espíritu debilitado y que, como ser humano imperfecto, siento dolor, tristeza y frustración.

Quiero solicitar tu consuelo amoroso, que vengas pronto en mi auxilio, fortalezcas mi corazón y sanes mi alma. Aumenta en mí la fe y la esperanza de una vida renovada por tus promesas de amor.

Cuando diste tus pasos por este mundo, fueron muchos los enfermos y desvalidos que al tocarte sintieron esa poderosa fuerza que sanaba sus males y dolencias

También yo acudo a Ti para decirte que en mi interior estoy herido de gravedad, con un corazón desolado por haberme apartado de Ti. Ven con tu Palabra de poder y restituye mi salud espiritual.

Tú eres el Médico de médicos, el que todo lo sana, el que libera a las personas de toda acción del mal. Confío en que Tú cuidas gratuitamente de mí. Te abro mi corazón y dejo atrás mis malas inclinaciones.

Mi Dios, mi Señor, sé que si dejo que reines en  vida todo saldrá mejor. Quiero sentir tu amor y tu luz disipa las tinieblas que hay en mi ser y que expulses de mi vida todas mis cegueras espirituales.

Que no te siga solo con mis palabras, sino también con mis acciones y mi testimonio de vida.

Gracias porque en este momento me bendices y me impulsas a conquistar todas mis luchas. Amén

Propósito para hoy

Hoy voy a hacer algo especial por alguna persona queesté atravesando dificultades financieras sin esperar nada a cambio

Frase de reflexión

“Nosotros cristianos tenemos una Madre, la misma de Jesús; tenemos un Padre, el mismo de Jesús. ¡No somos huérfanos!” Papa Francisco

IV miércoles tiempo ordinario: Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa

Evangelio del día: Dios obra en la humildad ¡Nada de espectáculos!

 

Evangelio según San Marcos 6,1-6

La visita de Jesús a Nazaret: “En aquel tiempo, Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: “¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?”. Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Por eso les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y Él se asombraba de su falta de fe” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

Mientras la gente «oía con gusto lo que decía Jesús», a alguien no le gustó lo que decía y quizá algún hablador se alzó y dijo: ¿pero este de qué viene a hablarnos? ¿Dónde estudió para que nos diga estas cosas? Que nos haga ver su licenciatura. ¿En qué universidad estudió? Este es el hijo del carpintero y lo conocemos bien.

Explotan así la furia y la violencia, lo echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta un precipicio del monte para despeñarlo. Pero, la admiración, el estupor ¿cómo pasaron a la ira, a la furia, a la violencia?..

¿Qué quería esta gente, estos de la sinagoga, y este sirio? Por una parte a los de la sinagoga Jesús les reprende la falta de fe», tanto que el Evangelio subraya cómo «Jesús allí, en ese lugar, no hizo milagros, por la falta de fe»

[…] En cualquier caso, todos buscaban lo mismo: «Querían el espectáculo». Pero el estilo del buen Dios no es hacer el espectáculo: Dios actúa en la humildad, en el silencio, en las cosas pequeñas.

[…] Así va el Señor: por la humildad. Y si vemos toda la historia de la salvación, encontraremos que siempre el Señor hace así, siempre, con las cosas sencillas.

Por ejemplo,en la narración de la creación no se dice que el Señor cogiera la varita mágica, no dijo: «Hagamos al hombre» y el hombre fue creado. Dios, en cambio, lo hizo con el barro y su trabajo, sencillamente.

Y, así, cuando quiso liberar a su pueblo, lo liberó a través de la fe y la confianza de un hombre, Moisés. Del mismo modo, cuando quiso hacer caer la poderosa ciudad de Jericó, lo hizo a través de una prostituta. Y también para la conversión de los samaritanos, pidió el trabajo de otra pecadora.

[…] Nos hará bien pensar en nuestra vida sobre cómo el Señor nos ayudó, cómo el Señor nos hizo seguir adelante, y encontraremos que siempre lo hizo con cosas sencillas. Incluso podrá parecernos que todo sucedió como si fuera una casualidad.

Porque el Señor hace las cosas sencillamente. Te habla silenciosamente al corazón. Resultará útil, por lo tanto, en este período recordar las numerosas veces en las que en nuestra vida el Señor nos visitó con su gracia y hemos entendido que la humildad y la sencillez son su estilo. (Cf Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 09 de marzo de 2015)

Oración de Sanación

Señor de mi vida, cada día que me regalas es una oportunidad más para vivir el amor y con seguridad avanzar por el camino que lleva hacia la salvación que me ofreces

Quiero ganarme el Cielo en base a mi esfuerzo honesto en extender tu Palabra de vida a todos los rincones del mundo, por eso, necesito de tu fuerza para trabajar duro en lo que me hace ser mejor persona.

Quiero vivir confiado de que Tú me acompañas y me ayudas a levantarme cuando estoy caído, vivir y actuar sabiendo que Tú me corriges con amor y diriges mis pensamientos para tomar mejores decisiones de vida.

Mi Dios, Tú que eres un Dios abundante en generosidad, te pido que dejes caer en mi vida los dones que necesito para vivir trabajando por tu reino de forma sabia, con gran caridad y desprendimiento.

Te confieso como mi Dios y mi Salvador, como el hijo de María, el hijo del carpintero que seguramente aprendió, en la Sagrada Familia, a ser dedicado en el trabajo y meditar las cosas en la profundidad de su corazón.

Confío en tu presencia que me da la seguridad de que, aunque en mi propio ambiente familiar yo sea rechazado y apartado por seguir tus pasos, siempre pueda mantenerme firme dando testimonio de tu amor.

Quiero abrirme con sencillez a las enseñanzas de tu Evangelio, porque al hacerlo puede abrirse un camino seguro hacia mi propia libertad.

Quiero ser reflejo de Ti para que otros también crean. Te amo, te confío a mi familia y los que quiero, sabiendo que tu amor es escudo de bendición. Amén

Propósito para hoy:

Rezaré y meditaré un misterio del Santo Rosario durante el día, por todos aquellos que sienten odio hacia la Iglesia Católica

Frase de reflexión:

“No tengan miedo de pedir perdón a Dios. Él no se cansa nunca de perdonar. Dios es todo misericordia” (Papa Francisco)

IV martes tiempo ordinario: Tomó a la niña de la mano y le dijo «Talitá kum», ¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!

Evangelio del día: ¡No temas! Basta que creas en Dios.

 

Evangelio según San Marcos 5,21-43

Curación de una mujer y resurrección de una niña: “En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva» Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré sanada». Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de Él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?». Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?». Pero Él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad».Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?». Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas». Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme». Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate» En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

Jairo, el jefe de la Sinagoga, era una persona importante, pero ante la enfermedad de la hija no tiene vergüenza en arrojarse a los pies de Jesús: «¡Mi hijita está muriendo, ven a imponerle las manos, para que se salve y viva!». No tiene vergüenza, no piensa en lo que podrán decir los otros, porque es un padre

¡Para él, lo más importante es la hija! No existe otra cosa. ¡La única cosa importante! Nos hace pensar a la primera cosa que nosotros decimos a Dios, en el Credo: «Creo en Dios Padre…». Nos hace pensar en la paternidad de Dios. Pero Dios es así.

¡Dios es así con nosotros! «Pero, Padre, ¡Dios no llora!». ¡Cómo no! Recordamos a Jesús, cuando lloró mirando a Jerusalén. «¡Jerusalén, Jerusalén! Cuántas veces he querido recoger a tus hijos, como la gallina recoge sus pollitos bajo las alas». ¡Dios llora!

¡Jesús ha llorado por nosotros! Y aquel llanto de Jesús es precisamente la figura del llanto del Padre, que nos quiere a todos en torno a sí.

En los momentos difíciles el Padre responde. Recordamos a Isaac, cuando va con Abraham a hacer el sacrificio: Isaac no era tonto, se dio cuenta que llevaban leña, el fuego, pero no la oveja para el sacrificio. ¡Tenía temor en el corazón! ¿Y qué cosa dice? «¡Padre!». Y de inmediato: «¡Aquí estoy hijo!». El Padre responde.

Así, Jesús, en el Huerto de los Olivos, dice con aquella angustia en el corazón: «Padre, si es posible, ¡aparta de mí este cáliz!». Y los ángeles vinieron a darle fuerza. Así es nuestro Dios: ¡es Padre! ¡Es un Padre!.

[…] Vayamos hoy a casa con este ícono:… el jefe de la Sinagoga, que se arroja ante Jesús, sin miedo de avergonzarse y hacer reír a los otros. En juego estaba la vida de su hija. (Cf Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 04 de febrero de 2014)

Oración de Sanación

Jesús, Señor y Dios mío, qué bueno es sentir tu presencia amorosa que acompaña y fortalece. Quiero amarte con pasión y servirte, convencido de que sólo hago lo que tengo que hacer.

Ayúdame a buscar siempre ser el último, que procure ser ese que sólo sirve y acompaña, dispuesto a entregar el corazón y mis fuerzas en cada una de las situaciones en las que hoy me pondrás

No hay otro camino para ser grande sino aquel en el que se debe seguir tu estilo: vivir en el servicio desinteresado a los demás. Ayúdame a cumplir este propósito y serte útil en todo momento

De Ti proviene una fuerza sanadora que curaba a todos y por ello no quiero vivir alejado de Ti, porque Tú le das paz a mis días llenándolos de gozo, resucitando mi alma a la esperanza y al optimismo.

Oh mi Dios, cuánto tengo que agradecerte. Cúbreme con tu preciosa sangre y protégeme de todo mal y peligro, pero más que todo protégeme de esa inclinación a la vanidad que habita en mí.

Dame la gracia de seguir creyendo que Tú no abandonas sino que levantas mi cuerpo cansado y mi alma abatida de toda circunstancia difícil que me ha hecho caer.

Hoy, renuevo mi deseo de seguirte y servirte. Nacer de nuevo en el Espíritu. Quiero vivir en Ti, ser transformado por Ti.

Quiero hacer de mi vida la mejor oportunidad para adorarte. Que tu fuerza sanadora habite en mi corazón para siempre. Amén

Propósito para hoy:

Asistiré al confesionario y me confesaré con mucha devoción para renovar mi amistad con Jesús

Frase de reflexión:

“Señor, concédenos la gracia de las lágrimas, para llorar por nuestros pecados y recibir tu perdón”. Papa Francisco

IV lunes tiempo ordinario: Todos nosotros hemos tenido en nuestra vida algún encuentro con Jesús

Evangelio del día: Encontrarse con Dios es liberador y sanador.

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Evangelio según San Marcos 5,1-20

Jesús expulsa una legión de demonios: En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro. Él habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo. Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: “¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!” Porque Jesús le había dicho: “¡Sal de este hombre, espíritu impuro!” Después le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?” Él respondió: “Mi nombre es Legión, porque somos muchos”. Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región. Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: “Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos”. Él se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó. Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido. Cuando llegaron a donde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor. Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio. En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: “Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti”. El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados”. Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

En la Biblia hay muchos encuentros con Jesús. También en el Evangelio. Y son todos distintos entre sí. Verdaderamente cada uno tiene su encuentro con Jesús

Está, por ejemplo, el de Natanael, el escéptico. Inmediatamente Jesús con dos palabras lo tira por los suelos. De tal modo que el intelectual admite: “¡Tú eres el Mesías!”.

Está también el encuentro de la Samaritana que, a un cierto punto, se siente en medio de un problema e intenta ser teóloga: “Pero este monte, el otro…”. Y Jesús le responde: “Pero tu marido, tu verdad”. La mujer en el propio pecado encuentra a Jesús y va a anunciarlo a los de la ciudad: “Me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será tal vez el Mesías?”.

Está además el encuentro del leproso, uno de los diez curados, que regresa para agradecer. Y, además, el encuentro de la mujer enferma desde hacía dieciocho años, que pensaba: “Si al menos lograra tocar el manto estaría curada” y encuentra a Jesús.

Y también el encuentro con el endemoniado del que Jesús expulsa tantos demonios que se dirigen hacia los cerdos y después quiere seguirlo y Jesús le dice “No, vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo”.

Podemos hallar muchos encuentros en la Biblia, porque el Señor nos busca para tener un encuentro con nosotros y cada uno de nosotros tiene su propio encuentro con Jesús.

Quizá lo olvidamos, perdemos la memoria hasta el punto de preguntarnos: “Pero ¿cuándo yo me encontré con Jesús o cuándo Jesús me encontró?”. Seguramente Jesús te encontró el día de tu Bautismo: eso es verdad, eras niño. Y con el Bautismo te ha justificado y te ha hecho parte de su pueblo.

Todos nosotros hemos tenido en nuestra vida algún encuentro con Él, un encuentro verdadero en el que sentí que Jesús me miraba. No es una experiencia sólo para santos.

Y si no recordamos, será bonito hacer un poco de memoria y pedir al Señor que nos dé la memoria, porque Él se acuerda, Él recuerda el encuentro… (Homilía en Santa Marta, 24 de abril de 2015)

Oración de Sanación

Dios, Padre amado y amigo, gracias por el inmenso poder de Jesucristo, por tu fuerza a través de Él para propagar el bien, por la realidad de su misericordia, y la energía de su amor en mi vida.

Te doy gracias también porque me libras de todos mis abismos, de todos aquellos apegos terrenales con las que me he involucrado y manchado mi alma y me han apartado de tener una relación Contigo.

Te pido que, con tu gracia y tu sabiduría, me ayudes a saber discernir lo que me conviene y lo que no, lo que ayuda a mi crecimiento espiritual y aquello que opaca y oscurece mi alma.

Ven y libra mi corazón del espíritu de la vanidad que no deja alimentar mi fe. Lléname de sabiduría, fortaleza, humildad y de todo lo que necesito para expulsar de mí todos los males que habitan en mi interior.

Quiero ser testigo de tu amor y de tu misericordia, testigo de tu bondad y de tu poder liberador que me acompaña siempre fortaleciendo mi mente y mi espíritu.

Como todo aquel a quien has invitado a seguirte, a desprenderse de toda atadura, yo también deseo servirte sin reparos, sin medidas, sin mezquindad, sin pensar en función del bien que recibiré a cambio.

Ayúdame a ser generoso en perdón y que jamás tome en cuenta cuanta caridad he de hacer para conseguir la salvación.

Confío mi vida en tus manos, dejándome abrazar por tu consuelo que da seguridad, sintiéndome liberado y amado por Ti. Amén

Propósito para hoy

Pediré al Padre por todos los que ocupan puestos con responsabilidad en el ámbito político, económico y social, para que Dios les conceda sabiduría.

Frase de reflexión:

“Un inmejorable programa de vida para todos: Las Bienaventuranzas y Mateo 25”. Papa Francisco

La vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y va más allá

Evangelio del día: Deja que el Espíritu Santo te conduzca.

evangelio lucas    papa francisco mision discipulos dos en dos ovejas en medio lobos

Evangelio según San Lucas 10,1-9

La misión de los setenta y dos: En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!” Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: “El Reino de Dios está cerca de ustedes”. Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Debemos recordar la importancia de rezar para que, como dijo Jesús a sus discípulos, “el dueño de la mies… mande obreros a su mies.”

Jesús nos dio este mandamiento en el contexto de un envío misionero: además de los doce apóstoles, llamó a otros setenta y dos discípulos y los mandó de dos en dos para la misión.

Efectivamente, si la Iglesia es misionera por su naturaleza, la vocación cristiana nace necesariamente dentro de una experiencia de misión.

Así, escuchar y seguir la voz de Cristo Buen Pastor, dejándose atraer y conducir por él y consagrando a él la propia vida, significa aceptar que el Espíritu Santo nos introduzca en este dinamismo misionero, suscitando en nosotros el deseo y la determinación gozosa de entregar nuestra vida y gastarla por la causa del Reino de Dios.

Entregar la propia vida en esta actitud misionera sólo será posible si somos capaces de salir de nosotros mismos…

Quisiera reflexionar precisamente sobre ese particular «éxodo» que es la vocación o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da.

Cuando oímos la palabra «éxodo», nos viene a la mente inmediatamente el comienzo de la maravillosa historia de amor de Dios con el pueblo de sus hijos, una historia que pasa por los días dramáticos de la esclavitud en Egipto, la llamada de Moisés, la liberación y el camino hacia la tierra prometida.

El libro del Éxodo – el segundo libro de la Biblia -, que narra esta historia, representa una parábola de toda la historia de la salvación, y también de la dinámica fundamental de la fe cristiana.

De hecho, pasar de la esclavitud del hombre viejo a la vida nueva en Cristo es la obra redentora que se realiza en nosotros mediante la fe (cf. Ef 4,22-24). Este paso es un verdadero y real «éxodo», es el camino del alma cristiana y de toda la Iglesia, la orientación decisiva de la existencia hacia el Padre.

[…] En efecto, la vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un «camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 6).

[…] La Virgen María, modelo de toda vocación, no tuvo miedo a decir su «fiat» a la llamada del Señor. Ella nos acompaña y nos guía. Con la audacia generosa de la fe, María cantó la alegría de salir de sí misma y confiar a Dios sus proyectos de vida.

A María nos dirigimos para estar plenamente disponibles al designio que Dios tiene para cada uno de nosotros, para que crezca en nosotros el deseo de salir e ir, con solicitud, al encuentro con los demás. (Mensaje del Santo Padre Francisco para la 52 jornada mundial de oración por las vocaciones, 14 de abril de 2015)

Oración de Sanación

Señor, hoy te busco solicitando tu ayuda para que me ayudes a tener una mejor actitud ante la vida, más positiva, entusiasta y optimista y a saber controlarme y no desesperarme en los momentos difíciles.

Concédeme la gracia de conocer y practicar siempre el bien, pues sin Ti, voy como con rumbo perdido hacia la nada. Que pueda vivir según tu voluntad, con lucidez e inteligencia para entender cuál es mi misión, asumirla y vivirla.

Ven mi Dios, dame el valor y la perseverancia para llegar a cumplir con todas mis responsabilidades y compromisos que me acercan a tu proyecto de salvación y a aceptar tus enseñanzas por muy duras que parezcan.

Ven y cierra mis oídos a la calumnia y al chisme para evitar distraerme y no hacer, lo que por amor, debería estar haciendo. Que pueda ser un misionero valiente capaz de preparar a tu pueblo para el encuentro contigo.

Quiero ser un testigo de tu amor, tener presente que el trabajo que realizo es por Ti y nada más que para Ti. Es un gran privilegio saber que has puesto tu mirada sobre mí y me has elegido de entre todas tus criaturas

No permitas que la duda me asalte antes de ponerme en camino. Envíame la ayuda divina de tus ángeles y la asistencia del Espíritu Santo para así pisar firme y ganar las fuerzas que requiero para seguir luchando

Concédeme un corazón libre, sin apegos ni afanes egoístas. Que yo pueda viajar liviano y evitar aquellos enredos que no edifiquen mi vida. Ayúdame a permanecer enfocado en Ti.

Confío en que me llenas de tu Paz en este momento y me vas colmando de tu gracia. Amén

Propósito para hoy

Siguiendo el ejemplo de María, al ayudar a los demás, hoy, lo haré con humildad y prudencia, buscando siempre lo mejor del otro.

Reflexionemos juntos esta frase:

“Dios ama al que da con alegría. Aprendamos a dar generosamente, desprendiéndonos de los bienes materiales”. (Papa Francisco)

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