Evangelio del día: En la pobreza recibimos la revelación de Dios

Evangelio del día: En la pobreza recibimos la revelación de Dios

V viernes de Cuaresma: Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras

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San Juan 10,31-42

El Padre está en mí, y yo en el Padre: “En aquel tiempo cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: “He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre: ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?” Le contestaron los judíos: “No te queremos apedrear por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo mas que un hombre, pretendes ser Dios”. Jesús les replicó: “¿No está escrito en su ley: “Yo les he dicho: Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la Palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse) ¿cómo es que a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo me llaman blasfemo porque he dicho: Soy Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí, y yo en el Padre”. Trataron entonces de apoderarse de Él, pero se les escapó de las manos. Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: “Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan decía de éste era verdad”. Y muchos creyeron en él allí” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco:

Los ojos de un pobre son más aptos para ver a Cristo y, a través de Él, vislumbrar el perfil de Dios. Los otros que pretenden sondar este misterio con los recursos de su propia inteligencia primero deben ponerse “de rodillas”, en actitud de humildad, de lo contrario “no entenderán nada

Él nos hace conocer al Padre, nos introduce en esta vida interior que Él tiene. ¿Y a quién revela esto el Padre? ¿A quién da esta gracia?: «Te alabo, oh Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y eruditos, y las has revelado a los pequeños».

Sólo a aquellos que tienen el corazón como los pequeños, que son capaces de recibir esta revelación, el corazón humilde, manso, que siente la necesidad de orar, de abrirse a Dios, se siente pobre; sólo a aquél que va adelante con la primera Bienaventuranza: los pobres de espíritu.

Muchos pueden conocer la ciencia, la teología también, ¡muchos! Pero si no hacen esta teología de rodillas, es decir, humildemente, como los pequeños, no entenderán nada. Nos dirán muchas cosas, pero no entenderán nada. Sólo esta pobreza es capaz de recibir la Revelación que el Padre da por medio de Jesús, a través de Jesús.

Y Jesús viene, no como un capitán, un general del ejército, un gobernante poderoso, no. Él es humilde, es manso, y ha venido para los humildes, para los mansos, para salvar a los enfermos, a los pobres, a los oprimidos.

Jesús es el primero de los marginados llegando incluso a considerar un valor no negociable ser igual a Dios.

La grandeza del misterio de Dios se conoce solamente en el misterio de Jesús y el misterio de Jesús es precisamente el misterio del abajarse, del aniquilarse, del humillarse, que trae la salvación a los pobres, a aquellos que son aniquilados por tantas enfermedades, pecados y situaciones difíciles. Fuera de este marco no se puede entender el misterio de Jesús (Homilía en Santa Marta, 2 de diciembre de 2014)

Oración de sanación

Jesús, te doy gracias por todos los motivos de alegría que a diario me regalas. Quiero que orientes mi vida. Nunca alcanzaré a comprender este misterio de Amor generoso con el que nos amas a todos.

Gracias Señor, por la manera en que sanas mis heridas, me renuevas y me impulsas a vivir momentos felices y llenos de bendiciones. No dejes que nunca me falte tu amor

Hoy me pregunto: ¿Cómo puedes ser tan generoso conmigo si mis continuos pecados, son los que hoy intentan apedrearte? Quiero siempre estar de tu parte hacer el bien como Tú lo hiciste a tu paso por este mundo

Muchas son las distracciones que intentan cegar mi mente y endurecer mi corazón, y además hay quienes quieren quitarme de tu camino; pero tu gracia es la que me mantiene con fuerzas para seguirte

Ayúdame a saber lidiar con aquella oscuridad que hay en mi interior y que no me permite avanzar. Quiero salir a triunfar sin permitir que esas emociones negativas hagan daño lo que hago y a los que amo.

No quiero rendirme de esta misión, porque, aunque sea a una persona a la que logre acercar a Ti, sentiré el gozo profundo de haber retribuido un poco de ese amor del que Tú vives regalándome en abundancia.

¡Seguiré apostando por tu amor!, porque, aunque yo te falle mil y une veces, Tú nunca dejas de apostar por mí.

Oh mi Señor, dame la gracia de vivir en fidelidad a tu Palabra, y que al igual que Tú, seguir haciendo obras agradables para el Padre. Amén

Propósito para hoy

Invitaré a otras personas a vivir estos propósitos de Cuaresma y oraré por ellas a solas esta noche pidiendo por su conversión.

Frase de reflexión

“Nos cuesta un poco confesar nuestros pecados, pero nos da paz. Somos pecadores y tenemos necesidad del perdón de Dios” (Papa Francisco)

Evangelio del día: Dios perdona y va más allá: con gran misericordia

V lunes de Cuaresma: Aquel de ustedes que esté libre de pecados, que arroje la primera piedra.

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San Juan 8,1-11

El que esté libre de pecados que arroje la primera piedra: En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el templo, donde la multitud se le acercaba; y Él, sentado entre ellos, les enseñaba. Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a Él, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. “¿Tú qué dices?”. Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo: “Aquel de ustedes que esté libre de pecados, que arroje la primera piedra”. Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo. Al oír aquellas palabras los acusadores empezaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie junto a Él. Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?”. Ella le contestó: “Nadie, Señor”. Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Vete, y ya no vuelvas a pecar. Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco:

A los escribas y fariseos no les importaba la mujer; no les importaban los adúlteros, quizá alguno de ellos era adúltero… ¡No les importaba! ¡Sólo les importaba tender una trampa a Jesús!. De ahí la respuesta del Señor: «¡Quien de ustedes esté sin pecado, arroje la primera piedra contra ella!».

El Evangelio con cierta ironía, dice que los acusadores se fueron, uno a uno, comenzando por los más ancianos. Y Jesús permanece solo con la mujer, como un confesor, diciéndole: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? ¿Dónde están? Estamos solos, tú y yo. Tú ante Dios, sin las acusaciones, sin las habladurías. ¡Tú y Dios! ¿Nadie te ha condenado?»

La mujer responde: «¡Nadie Señor!”, pero no dice: «¡Ha sido una falsa acusación! ¡Yo no cometí adulterio»; sino que reconoce su pecado.

Y Jesús afirma: «¡Ni siquiera yo te condeno! Ve, ve y de ahora en adelante no peques más, para no pasar un feo momento como este; para no pasar tanta vergüenza; para no ofender a Dios, para no ensuciar la hermosa relación entre Dios y su pueblo».

¡Jesús perdona! Pero aquí se trata de algo más que el perdón: Jesús supera la ley y va más allá. No le dice: «¡El adulterio no es pecado!». ¡No lo dice! Pero no la condena con la ley. Y éste es el misterio de la misericordia. Éste es el misterio de la misericordia de Jesús.

La misericordia es algo difícil de comprender: “Pero, Padre, la misericordia ¿borra los pecados?”,. “No, ¡lo que borra los pecados es el perdón de Dios!“.

La misericordia es el modo con que Dios perdona. Porque Jesús podía decir: «Yo te perdono. ¡Ve!», como dijo a aquel paralítico que le habían presentado desde el techo: «¡Te son perdonados tus pecados!». Aquí dice: «¡Ve en paz!».

Jesús va más allá. Le aconseja que no peque más. Aquí se ve la actitud misericordiosa de Jesús: defiende al pecador de sus enemigos; defiende al pecador de una condena justa.

También nosotros, cuántos de nosotros, quizá deberíamos ir al infierno, ¿cuántos de nosotros? Y esa condena es justa… y Él perdona más allá. ¿Cómo? ¡Con esta misericordia!.

La misericordia va más allá y hace la vida de una persona de tal modo que el pecado es arrinconado.

Es como el cielo. Nosotros miramos el cielo, tantas estrellas, tantas estrellas; pero cuando sale el sol, por la mañana, con tanta luz, las estrellas no se ven. Y así es la misericordia de Dios: una gran luz de amor, de ternura. (Homilía en Santa Marta, 7 de abril de 2014)

Oración de sanación

Amado Señor, te alabo y te bendigo porque Tú eres rico en misericordia y perdón, y desde la creación has defendido a los oprimidos, ayudado a los más débiles y rescatado a los que son despreciados.

Una y otra vez intervienes en cada una de mis debilidades, me acoges, me perdonas y me invitas a convertirme de corazón y a dejar atrás mi vida de dolor y de pecado con las palabras “ve en paz y no peques más”.

Tu bondad es tu bandera. No me condenas de antemano, sino que quieres que regrese a Ti con el corazón renovado. Necesito hoy que me des la fuerza para no abandonar tu camino.

Oh Señor, Tú lo sabes todo, escudriñas mi corazón y ves mi interior, conoces mi debilidad, mis fallas, mi oscuridad; pero también miras mis bondades y mi ánimo por vencer y seguir luchando

Quiero aprender a perdonar y a pedir perdón, a reconocerme pecador y no juzgar a los demás. Acudo a tu Ti, que eres todo compasivo, para que pongas en mí la gracia de ser misericordioso.

Quiero saber inyectar ánimo en vez de condenas, optimismo en lugar de pesadez, confianza en lugar de inseguridad. Derrama tu amor en mi corazón y ayúdame a ser espejo de tu esperanza.

Bendito seas por todo lo que obras en mí. No permitas que sea indiferente ante las personas que necesitan ser consolados y animados

Ven y hazme capaz de brindar entusiasmo a otros en vez de ser una piedra de tranca, y poder hacerles sentir que son piedras preciosas tuyas. Amén

Propósito para hoy

Visitaré a Jesús por 15 minutos en el Sagrario, le daré las gracias por su eterno Amor y ofreceré mis oraciones para que se tengamos más sacerdotes y religiosos santos

Frase de reflexión

“Que la Iglesia sea siempre lugar de misericordia y esperanza, donde cada uno se sienta acogido, amado y perdonado”. Papa Francisco

Evangelio del día: Después de la muerte seremos transformados al amor

V domingo de Cuaresma: El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y el que vive y cree en mí, no morirá jamás.

corazon de arena barro en manos fondo mar

San Juan 11,1-45

Jesús es la resurrección y la vida: “En aquel tiempo, había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas enviaron a decir a Jesús: “Señor, el que tú amas, está enfermo”. Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: “Volvamos a Judea”. Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿quieres volver allá?”. Jesús les respondió: “¿Acaso no son doce las horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él”. Después agregó: “Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo”. Sus discípulos le dijeron: “Señor, si duerme, se curará”. Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte. Entonces les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo”. Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: “Vayamos también nosotros a morir con él”. Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días. Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” Ella le respondió: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo. Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: “El Maestro está aquí y te llama”. Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí. María llegó a donde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: “¿Dónde lo pusieron?”. Le respondieron: “Ven, Señor, y lo verás”. Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: “¡Cómo lo amaba!”. Pero algunos decían: “Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?”. Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: “Quiten la piedra”. Marta, la hermana del difunto, le respondió: “Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto”. Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”. Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: “Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Después de decir esto, gritó con voz fuerte: “¡Lázaro, ven afuera!”. El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo para que pueda caminar”. Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él”. Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

Nuestra resurrección está estrechamente ligada a la resurrección de Jesús; el hecho de que Él resucitó es la prueba de que existe la resurrección de los muertos.

Quisiera presentar algunos aspectos que conciernen a la relación entre la resurrección de Cristo y nuestra resurrección. ¡Él ha resucitado! Y porque Él ha resucitado, también nosotros resucitaremos.

En primer lugar, la propia Sagrada Escritura contiene un camino hacia la plena fe en la resurrección de los muertos. Ésta se expresa como la fe en Dios Creador de todo hombre – cuerpo y alma – y como fe en Dios liberador, el Dios fiel a la alianza con su pueblo.

El profeta Ezequiel en una visión, contempla los sepulcros de los deportados que se vuelven a abrir y los huesos secos vuelven a la vida gracias a la infusión de un espíritu vivificante. Esta visión expresa la esperanza en la futura “resurrección de Israel “, es decir, en el renacimiento del pueblo derrotado y humillado. (cf. Ez 37,1-14).

Jesús en el Nuevo Testamento, lleva a cumplimiento esta revelación, y vincula la fe en la resurrección a su propia persona y dice: “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11:25). De hecho, será el Señor Jesús quien resucitará el último día a los que han creído en Él. (Audiencia general, 04 de diciembre de 2013)

Lázaro había muerto desde hacía ya tres días cuando llegó Jesús, y a las hermanas Marta y María, Él les dijo las palabras que se imprimieron para siempre en la memoria de la comunidad cristiana, dice así Jesús:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”

Sobre esta la Palabra del Señor nosotros creemos que la vida de quién cree en Jesús y sigue su mandamiento, después de la muerte será transformada en una vida nueva, plena e inmortal.

Como Jesús ha resucitado con su propio cuerpo, pero no ha vuelto a la vida terrena, así nosotros resucitaremos con nuestros cuerpos que serán transfigurados en cuerpos gloriosos. Él nos espera junto al Padre, y la fuerza del Espíritu Santo, que lo ha resucitado a Él, resucitará también a quién está unido a Él. (Reflexión antes del rezo del ángelus, 06 de abril de 2014)

Oración de sanación

Mi Dios, con un corazón humilde me presento ante Ti para agradecerte por tu presencia y pedirte que me cobijes bajo el amparo de tu misericordia, porque Tú no desprecias a un corazón arrepentido.

Tú sabes lo que necesito para alcanzar la felicidad y la vida eterna, conoces mi corazón, allí también habitan las sombras espesas de mis vanidades y mis deseos mundanos por ir tras lo pasajero y terrenal.

Te pido que les des claridad a mi vida, sencillez a mi espíritu y astucia a mi mente, para saber escoger las mejores opciones de vida, esas que sólo me llevan a experimentar tu amor y tu bondad.

Quiero poner mi fe por encima de todo, para así, poder transmitir a otros tu alegría, para que, junto a ellos, pueda yo también sentirme seguro y encaminado hacia la salvación.

Confío en tu propuesta de eternidad, en que si creo verdaderamente en Ti, resucitaré a una vida alejada del sufrimiento y de las mortificaciones, porque sólo Tú eres el camino, la verdad y la vida.

Sólo Tú, Señor mío, me regalas tan dulce amor, no me abandonas, sales siempre en mi defensa y me fortaleces, no me juzgas por mi apariencia, sino que me impulsas y me animas a salir adelante.

Ven Señor mío, ven a mi vida y lléname de tus bendiciones para contar con la fuerza necesaria para seguir creciendo en tu dirección.

Asísteme con tu mano poderosa y ayúdame a serte fiel en lo mucho y en lo poco, en mis tristezas y alegrías. Amén

Propósito para hoy

Limitar hoy el tiempo que dedico a mi esparcimiento en la televisión, o en el internet, para dedicar más tiempo a mi oración personal.

Frase de reflexión

“Dejemos un puesto libre en la mesa: un puesto para el que carece de lo necesario, para el que se ha quedado solo”. Papa Francisco

SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ

Cuaresma. 3ª semana. Lunes
SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ

Confía en Dios que rompe cadenas, destruye muros, libera del miedo, todo lo restaura, todo lo sana, todo lo vuelve vida. Él es el Dios de lo imposible, el de los milagros, el de las maravillas ocultas en cada situación, el Dios de las transformaciones. Confía en su auxilio divino, Él es tu socorro cercano, tu sanador, tu consuelo inmediato. Él es tu Señor y tu amigo que no falla ¡Ánimo! Como un guerrero indestructible, Dios siempre estará allí para ti.

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Evangelizando con los que evangelizan

Se trasfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol

San Mateo 17, 1-9. II Domingo de Cuaresma

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús, quiero vivir con coherencia mi fe. Ayúdame a extender tu reino en la tierra incluso, si es necesario, con las palabras.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quiere, haremos aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

Cuando aún estaba hablando, una nube los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

El Evangelio es el libro de las enseñanzas por excelencia. En él se delinea el camino a seguir para llegar algún día ala Jerusalén celestial.

Una continua invitación de Jesús es la de ser luz de las naciones, la de guiar a nuestros hermanos. «Ustedes son la luz del mundo». Es claro el mensaje del Señor, tenemos que ser luz en todo el sentido de la palabra. Por ello, al presentarse transfigurado, les muestra la fuerza del testimonio de quien irradia esa luz. Es la luz verdadera que no se enciende para esconderla sino para ponerla en lo alto e iluminar a los demás. Es por ello que también lo hace en un monte. Jesús muestra que el verdadero testimonio es capaz de suscitar en los corazones aspiraciones como las de san Pedro «que bien se está aquí», quien no termina de entender lo que está sucediendo, pero es tal la fuerza de la luz que doblega su corazón.

Ésta es nuestra misión, las palabras pueden convencer pero el testimonio arrastra. Ayúdame,Señor a que mi coherencia de cristiano, sirva como testimonio evangelizador. Que mi vida sea verdadera luz para aquellos que se encuentran en tinieblas y sombras de muerte.

Miren, queridos amigos, la fe en nuestra vida hace una revolución que podríamos llamar copernicana, nos quita del centro y pone en el centro a Dios; la fe nos inunda de su amor que nos da seguridad, fuerza y esperanza. Aparentemente parece que no cambia nada, pero, en lo más profundo de nosotros mismos, cambia todo. Cuando está Dios en nuestro corazón habita la paz, la dulzura, la ternura, el entusiasmo, la serenidad y la alegría, que son frutos del Espíritu Santo, entonces y nuestra existencia se transforma, nuestro modo de pensar y de obrar se renueva, se convierte en el modo de pensar y de obrar de Jesús, de Dios.
(Homilía de S.S. Francisco, 25 de julio de 2013).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Buscaré reconciliarme con aquella persona a la que he herido y que mi falta de testimonio ha alejado de mi vida.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Lo extraordinario del Amor

San Mateo 5, 43-48. I Sábado de Cuaresma.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

“Señor y Padre eterno, haz que se conviertan a ti nuestros corazones a fin de que, viviendo consagrados enteramente a tu servicio, te busquemos siempre a ti y nos dediquemos a la práctica de las obras de misericordia”. Amén (Oración de la misa del día)

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.

Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Amar es entregarse. No es solamente un contrato, «dar para recibir». Más bien, quien ama de verdad no espera que le paguen. Dedica su tiempo, aun sabiendo que el tiempo no vuelve, y da su propia vida porque sabe que es un don supremo e irremplazable.

Así ama Dios. Él da a todos la vida, sabiendo que no podemos pagarle un don tan grande. Incluso se da a sí mismo, haciéndose hombre como nosotros. Y más aún: Cristo, Dios y hombre, muere en la cruz por todos, para salvar a los pecadores. Sabe que no todos le aman, y que no todos le agradecen, pero no le importa. Él ama y su alegría está más en dar que en recibir.

Cristo nos invita cada cuaresma a aprender de su manera de amar. Tal vez no nos encontraremos todos los días con enemigos que atenten contra nuestra vida o nos odien seriamente. Pero siempre podemos crecer en la práctica que san Pablo recomienda: «Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo.» (Efesios 4, 31-32)

Pidamos a Cristo que nos ayude a amar como Él. Aunque sean cosas pequeñas y sencillas, pidámosle la alegría de amar gratuitamente. Que Él nos conceda la gracia de reproducir su imagen en nuestra vida y en cada una de nuestras acciones.

Amar es bello, es el camino para ser felices. Pero no es fácil, es desafiante, supone esfuerzo. Por ejemplo, pensemos cuando recibimos un regalo: nos hace felices, pero para preparar ese regalo las personas generosas han dedicado tiempo y dedicación y, de ese modo, regalándonos algo, nos han dado también algo de ellas mismas, algo de lo que han sabido privarse. Pensemos también al regalo que vuestros padres y animadores os han hecho, al dejaros venir a Roma para este Jubileo dedicado a vosotros. Han programado, organizado, preparado todo para vosotros, y esto les daba alegría, aun cuando hayan renunciado a un viaje para ellos. Esto es amor concreto. En efecto, amar quiere decir dar, no sólo algo material, sino algo de uno mismo: el tiempo personal, la propia amistad, las capacidades personales.
(Homilía de S.S. Francisco, 24 de abril de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Buscaré hoy estar atento a mi manera de hablar: que sea de bondad y comprensión a ejemplo de Cristo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Pedir el don de la oración

San Mateo 7, 7-12, I Jueves de Cuaresma,

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

¡Oh vida de mi vida, Cristo santo! ¿A dónde voy de tu hermosura huyendo? ¿Cómo es posible que tu rostro ofendo, que me mira bañado en sangre y llanto?

A mí mismo me doy confuso espanto, de ver que me conozco y no me enmiendo; ya el Ángel de mi guarda está diciendo, que me avergüence de ofenderte tanto.

Detén con esas manos mis perdidos pasos, mi dulce amor; ¿mas de qué suerte las pide quien las clava con la suyas?

¡Ay Dios!, ¿a dónde estaban mis sentidos, que las espaldas pude yo volverte, mirando en una cruz por mí las tuyas? (A Cristo en la cruz.Soneto de Lope de Vega)

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; toquen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca se le abre.

¿Hay acaso entre ustedes alguno que le dé una piedra a su hijo, si éste le pide pan? Y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Si ustedes, a pesar de ser malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con cuanto mayor razón el Padre, que está en los cielos, dará cosas buenas a quienes se las pidan.

Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Con este pasaje me invitas en esta cuaresma a meditar sobre la oración. La oración de petición es lo que en este momento me invitas a recordar. A lo mejor pronunciaste estas palabras conociendo la situación de los padres de familia, y quisiste valerte de ellos para presentar una imagen de la oración.

Pedir. Los padres de familia conocen mejor que nadie lo que sus hijos necesitan. Y buscan remediar, en la medida de las posibilidades, estas necesidades. Sin embargo, qué distinta es la situación cuando el hijo anda detrás de ellos día y noche pidiendo algo que carece y que anhela ardientemente. ¡No hay forma de hacerles olvidar el tema! Hasta que no obtienen lo que desean, no dejan de pedir, rogar, insistir, perseguir y -en algunos casos penosos- llorar y patalear.

Así eres también Tú conmigo, Dios mío. Eres un padre que conoce mejor que nadie mis necesidades y, a veces, las satisface sin que yo lo pida. Pero quieres, y me invitas con este Evangelio, a pedir lo que quiera, sin temor, con confianza, con perseverancia. Porque tarde o temprano me darás lo que te pido. Pedirte en la oración lo que sea. Un día y otro y otro, sin desfallecer.

Tocar. Es verdad también que los padres de familia, especialmente las madres, no son fáciles a dejar los hijos fuera de casa. Se angustian cuando a las altas horas de la noche ellos no has regresado; y ante el primer golpe en la puerta acuden inmediatamente a abrirles. Raras veces vemos a un hijo suplicando entrar en la casa de sus padres. Ellos siempre tienen para sus hijos las puertas abiertas para recibirles y darles el calor del hogar.

Igualmente Tú eres así en la oración. Siempre estás alerta para que a penas toque a tu puerta, aunque sea de la manera más suave, abras sin tardanza. Permaneces a la espera de que llegue a tu puerta cada mañana, cada noche, cada domingo en la oración y toque. Y ello porque quieres recibirme, quieres estar conmigo, escucharme, darme afecto, darme amor y todo aquello que necesito. Señor, concédeme más y más el don de la oración.

Practicar y enseñar esta oración de pedir y suplicar la consolación, es el principal servicio a la alegría. Si alguno no se cree digno (cosa muy común en la práctica), al menos insista en pedir esta consolación por amor al mensaje, ya que la alegría es constitutiva del mensaje evangélico, y pídala también por amor a los demás, a su familia y al mundo.
(Homilía de S.S. Francisco, 24 de octubre de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Antes de acostarme haré una oración agradeciendo a Dios con mis palabras este día.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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